miércoles, 17 de mayo de 2017

HASTA LA DESAPARICIÓN RADICAL Y MÁS ALLÁ:

Más apuntes sobre una posible estética de la desaparición.

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Si insistimos en la propuesta de un posible catálogo de artistas que han trabajado en las cercanías de una estética de la desaparición, uno de los que invariablemente ocuparía un lugar de honor sería el músico de origen armenio Aram Slobodian.

No está clara la fecha de su nacimiento, pero se cree que pudo ser el año 1918 o 1919 en Yereban, Armenia en pleno genocidio por parte de los Jóvenes Turcos, gobernantes del imperio Otomano. Debido a ello su familia se exilia y se traslada a la ciudad italiana de Trieste. En 1938 se matricula, por un único año, en el conservatorio de la ciudad. El año siguiente abandona Italia debido a la creciente crispación política y se establece en Zurich, donde reside hasta 1946. En esta ciudad entra en contacto con el músico suizo Conrad Beck y se casa con su hija para trasladarse posteriormente a París. En una fecha sin concretar se traslada a Nueva York donde se nacionaliza estadounidense. Hay documentos que acreditan su estancia en el año 1963 en España, concretamente en Cuenca en el Gabinete de música electroacústica. Muere en extrañas circunstancias el año siguiente mientras hacía un trayecto en barco por de las islas Bahamas.

Slobodian, después de componer, dirigir y grabar sus composiciones, se preguntaba cómo podía manipular su propia música, cómo podía tratarla como si fuera materia y estuviera sometida a las leyes de la física, cómo podía transformar ese objeto sonoro que había creado en una expresión fiel a su tiempo. Observó entonces que podía convertir su música en velocidad, que el sonido grabado se podía acelerar casi infinitamente y convertirse de esa forma en un reflejo, en un signo de su tiempo. Consecuente con sus ideas, Aram se dedicó a regrabar sus composiciones una y otra vez con diversos magnetófonos acelerando progresivamente sus sonidos hasta hacer que la música se volviera irreconocible. De esta forma sus composiciones se fueron diluyendo en la velocidad, hasta casi su total desaparición quedando únicamente la compresión de esos sonidos … un breve suspiro de lo acontecido.

Ese breve suspiro de tiempo expuesto por el compositor armenio ejemplifica a la perfección lo que ha sido la modernidad: una aceleración continua del tiempo hasta su implosión. Sin embargo, con el advenimiento de la posmodernidad y el cinismo que conlleva, el acto de la desaparición se ha ido haciendo más y más difícil hasta convertirse realmente en un simulacro. Pongamos un claro ejemplo: Michael Landy, un “joven artista británico” que en el año 2001 realizó “Break Down”, una performance que consistió en destruir todas y cada una de sus posesiones. El artista alquiló una tienda de ropa de la cadena C&A en Oxford Street que había cerrado recientemente y catalogó todos sus bienes, en total unos 7.227 objetos, que destruyó públicamente con la ayuda de diez obreros y una cadena, en este caso, de desmontaje. Entre esos siete mil y pico objetos se encontraban también su ropa y efectos personales (cartas, postales, regalos), sus discos y libros más preciados e incluso su vehículo particular.

Este acto de desaparición, de nihilismo extremo contiene, sin embargo, una paradoja típica de nuestro tiempo, ya que, aunque esta obra sumió al artista británico en la pobreza también le proporcionó una buena dosis de publicidad que lo situó en la punta del iceberg de la crítica de arte y consiguió, en lugar de una supuesta desaparición, una clara y nítida visibilidad.

Pero volvamos al asunto de la desaparición (a la desaparición entendida como programa estético radical y no como simulación), y volvamos pues a nuestro músico armenio Aram Slobodian. De su escaso y poco conocido repertorio, dos son sus obras fundamentales que tratan el tiempo como objeto y materia, donde el tiempo es el proceso y el resultado, donde la desaparición física de la música es la consecuencia de la aceleración y la implosión temporal:

La primera es  “La femme à barbe”, una pieza de unas tres horas y media para soprano “barbuda”, septeto de cuerda, pianola y percusión que se grabó bajo la supervisión del músico francés Pierre Henry en cinta magnetofónica y que se fue copiando sucesivamente hasta veinticinco veces resultando una pieza casi inaudible. Hay que tener en cuenta también la importancia de la puesta en escena ya que en su estreno en 1958 los intérpretes figuraban tocar en playback mientras sonaba la cinta magnetoscópica de la obra musical.

La segunda se denominó “The sound of Speed” y fue presentada en Chicago y en Nueva York en el año 1963. Es una suite para solo de clarinete cuya duración original es de cuatro horas y que fue comprimida hasta los treinta y seis segundos. Después de unas acusaciones por parte de Pierre Boulez tachándola de burguesa, Slobodian volvió a trabajar en ella hasta reducirla a los 34 segundos de los que consta actualmente. El crítico Rubén Gutiérrez del Castillo comenta a propósito de este trabajo, que “el tiempo deja de importar y que su objetivo final no sería otro que el de abolir las propias leyes de la física humana”.

En esta supuesta estética de la desaparición el aspecto físico, material del propio arte, de su peso, de su volumen, de su duración es un factor primordial y fundacional. Estos artistas de la desaparición pretenden reducir el aspecto sustancial del arte a su mínima expresión, a su elemento nuclear; tensar el arte hasta el límite para cuestionar así los límites del arte planteándonos la siguiente cuestión: ¿Cuándo una obra de arte dejar de serlo para diluirse en la nada?

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Entrevistador: ¿Tu sabes algo de Aram Slobodian?
Eduardo Polonio: Absolutamente nada, porque no existe, ja ja. Es un fake, ideamos un disco de homenaje a su música totalmente inventado y todos hemos seguido la broma, por llamarlo de alguna manera.
Entrevistador: Ja ja, pues yo me lo había tragado, ¿y de quién proviene la idea?
Eduardo Polonio: Esto lo promovió el director de Ars Sonora, Miguel Fernández, con un grupo de gente diversa. Dieron unas músicas que no sé realmente muy bien de dónde sacaron e iban dando pistas sobre la misma. En el fondo no tenían ningún fundamento, como por ejemplo que había trabajado en el Gabinete de Música Electrónica de Cuenca, cuando por las fechas que daban no coincidía en absoluto … Hay un CD editado, con foto y todo. A mí me encantan este tipo de juegos.

martes, 21 de junio de 2016

MARCEL PEY: VERSOS EN EL FILO DE LA NAVAJA



Marcel Pey inició su trabajo allá por los años 70 influido por el rock y la estética
underground de origen anglosajón, de la que surgieron sus primeros libros de artista y
también sus primeros super 8. En los libros de artista fusiona unas imágenes de tamiz
oscuro, narcisista y violento con unos textos a medio camino entre el decadentismo y la
distopía. Marcel ha sido de los primeros poetas en  mezclar medios modernos sin ningún
tipo de complejo. Así sus últimos trabajos hibridan el video digital con el texto, creando

una secuencia que se distancia de la narración para adentrarse en el fragmento:

Marcel Pey un poeta en perpetua mutación.











1.   Aunque se suele describir tu obra mediante tres elementos: los libros, las fotografías y las películas, creo que hay en ello un criterio metodológico demasiado obvio. ¿No crees que esta clasificación mediante tipos de soportes no hace otra cosa que esconder y dispersar el aliento poético que es lo que determina realmente tu obra?

Las clasificaciones las hacen los críticos y estudiosos. Como los críticos y los estudiosos trabajan demasiado a menudo sobre parcelas de saber independientes, es natural que los tres elementos que conforman mi obra se vean ubicados en compartimientos estancos. Así ha sucedido a lo largo de décadas. En todo caso, he repetido hasta la saciedad que lo que yo hago es poesía. Creo que el que se acerca a mi obra de una forma directa entiende esto perfectamente y prescinde de clasificaciones.

2.     Eres de la opinión de que en un mundo del arte donde todo está clasificado, tu obra no acaba de encajar: es fotografía pero describe un mundo lejano al arte del comisariado donde predomina el discurso, y no es poesía en el sentido tradicional del término ya que los textos y las imágenes van íntimamente ligadas unas a otras.

Si lo que quieres decir es que mi obra es poco neutra y versátil, de acuerdo, pero sólo hasta cierto punto. De lo que estoy seguro es que el tiempo me ha dado la razón, puesto que la gente joven trabaja los distintos soportes con absoluta naturalidad y las interrelaciones son en la actualidad habituales. Tampoco creo que se planteen estas cuestiones.

3.     ¿Quizá, resulta que no estás del todo ni en un mundo ni en el otro y los dos te ven con recelo o incomprensión?

Que vean lo que quieran.

4.     ¿Tu visión poética es vivencial, tiene que ver con tu vida ordinaria o por el contrario es un artificio conscientemente construido?

Si lo que preguntas es si mi poesía tiene que ver con la llamada poesía de la experiencia, tetengo que decir que en absoluto, aunque me gusta Jaime Gil de Biedma. Por otra parte, hacer arte sin artificio es imposible. La propia palabra lo demuestra.

5.     En unas declaraciones afirmas: “Mi poesía refleja un universo negativo que adopta una forma de psychothriller”¿Podríamos entender tus obras como trailers de un universo poético, pinceladas fragmentarias de una construcción distópica que existe sólo en tu cabeza donde ángeles y sádicos se mezclancon cámaras de videovigilancia?

Cuando hablo de psychothriller estoy pensando en obras como “Neuromancer” de William Gibson, por lo que la distopía es cierta. La imposibilidad de saber qué ocurre fuera de mi cabeza me aleja de otras consideraciones, aunque reconozco que los recuerdos del pasado remoto me siguen atormentando.

6.     ¿Este universo negativo que describes lo es por esteticismo, o tiene que ver en ello tu visión de la sociedad que se refleja luego en tu visión poética?

El reflejo del momento presente parece ser inherente a cualquier obra. Tu mente cambia con los tiempos y el entorno altera la percepción de lo vivido. Me seduce la estética de algunas épocas pretéritas y comprobar su afianzamiento. Por ponerte un ejemplo, “Chelsea Girls” de Andy Warhol o “The Naked Lunch” de William Burroughs, en donde el “underground” se entendía de manera absolutamente distinta a la actual.

7.     ¿La suma de tus libros,  fotografías, films, video-poemas nos darían una visión global de tu ideario estético?

Seguramente es la única manera de entender mi poética, aunque pienso que ahora mismo es una tarea imposible, atendiendo al tipo de formatos, la no distribución de muchas de mis obras y su presencia en colecciones privadas no accesibles al público. Pero no sé si es más importante la visión global que la fragmentaria. Así pues, a partir de lo que tenga, que cada uno llegue a sus propias conclusiones y confeccione su propio relato.

8.     ¿Tus obras contienen una banda sonora implícita? ¿Cuáles serían esos grupos que están en el sonido oculto de tus poemas?

Depende de la época. La banda sonora implícita es muy extensa. Ahora mismo se me ocurren The Cream, David Bowie, The Velvet Underground, Bauhaus, Joy Division, Siouxsie, Tom Waits, Jarboe… y por supuesto, Brian Ferry. En fin, no acabaríamos nunca.

9.     ¿Cuáles son tus influencias fotográficas, literarias y cinematográficas?

¿Qué te voy a decir? Te voy a seleccionar tres para no hacerme pesado. Soy admirador declarado de Helmut Newton, William Blake y Kenneth Anger.

10.   Me gustaría que nos contaras cómo comenzaste a hacer libros de artista. ¿A qué se debió esa inquietud? ¿Tuviste claro desde el principio que debías mezclar texto e imagen?

El libro de artista es un tipo de formato que se adaptaba muy bien a mi obra. Proporcionaba libertad, control del proceso y selección de público. Aunque en 1972 poca gente en el país se dedicaba a este tipo de trabajo, internacionalmente era de lo más normal. Para los conceptuales, texto e imagen podían juntarse sin ningún problema. Seguramente mi aportación fue la utilización de un texto poético, cosa que resultó más difícil de comprender.

11.   ¿Podemos decir que utilizas el libro (me refiero a las ediciones de artista) como si fueran bocetos, sugerencias y ambientes, una especie de guión abierto de esos filmes que realmente nunca has deseado filmar?

A ver si nos entendemos. El guión me es ajeno; mis ediciones de artista no son bocetos, sino obras concluidas de la forma deseada. El cine narrativo, al menos en mi opinión, se aleja de la poesía, por lo que me interesa más como espectador que como creador.
¿Preguntas si puede transformarse toda mi obra en una película? ¿Tendría yo que transformarla porque no es más que un guión?

12.   ¿Tu visión del poema es una visión dinámica, aunque no estrictamente
narrativa?

La noche se mueve.


*Podéis leer la entrevista y algunos de sus versos traducidos al castellano en los números 4 y 6 de TriadaeMagazine


sábado, 23 de abril de 2016

Apuntes sobre una posible estética de la desaparición.

Hoy en día todos nosotros estamos sometidos, consciente o inconscientemente, a diversos tipos de dictadura. Las hay obvias y las hay sutiles y, generalmente, todas ellas son rechazadas por la mayoría. Sin embargo algunas coexisten entre nosotros sin que seamos capaces de observarlas como tales, sin que podamos señalarlas con el dedo y al final acabamos aceptándolas con toda normalidad. Un caso paradigmático de este grupo sería la dictadura de la “visibilidad” que se ha convertido en un requisito imprescindible para nuestra supervivencia en la sociedad contemporánea.

microgramas E ok Aún así, siempre se dan casos de artistas que han desarrollado su trabajo con el concepto antagónico, el concepto de desaparición, y que han situado su vida o su obra en los límites de la visibilidad: Los hay que han sido personajes esquivos (caso ejemplar el de J. D. Salinger pero también el del mallorquín Miquel Bauçà), otros que la han tratado como un hecho físico (el deterioro del material en el caso de W. Basinski o el borrado y la velocidad en Aram Slobodian), y algunos más que han llevado la desaparición hasta el último extremo (tal sería el caso del poeta dadaísta Arthur Cravan).

Todos estos serían casos posibles en un hipotético catálogo de estetas de la desaparición. Sin embargo en este artículo nos centraremos en el caso, bastante conocido por cierto, del escritor suizo Robert Walser. Robert Walser vivió durante la primera mitad del siglo XX, llegando a conseguir un cierto reconocimiento, un cierto éxito literario. Pero aún así, siempre vivió de una forma un tanto desordenada y adoptó para con sus conciudadanos una actitud vital un tanto descreída, un tanto distante que le fue perturbando progresivamente. Ya desde 1929 empezó a sufrir episodios de alucinaciones, ataques de ansiedad y miedos nocturnos y en 1933, a la edad de 55 años, decidió ingresar voluntariamente en un sanatorio psiquiátrico de la ciudad de Herisau donde falleció en la navidad de 1956.

Siempre se había creído que al ingresar en el sanatorio Walser había dejado la escritura definitivamente, que su exilio personal también lo era artístico y que únicamente se dedicaba al noble arte del paseo. Sin embargo el escritor suizo no pudo o no quiso dejar de hacerlo y continuó escribiendo centenares de pequeños fragmentos sobre cualquier tema o suceso que le despertara la curiosidad. Estos fragmentos escritos, generalmente a lápiz, lo están sobre hojas de papel que iba guardando sin ningún orden conocido. No importaba el tema, no importaba la secuencia, lo único importante era el hecho de escribir, escribir compulsivamente, sin un fin preestablecido, sin objetivo. Es entonces, en estos textos donde su escritura comenzó a sufrir algunas mutaciones físicas: empezó a utilizar algunas abreviaciones que solo él entendía, su letra fue disminuyendo de tamaño y cada vez se hizo más compacta. Tanto implosionó su grafía que la lectura de sus textos se hizo prácticamente imposible ya que se convirtió en una masa indescifrable parecida a la resultante de un sismógrafo emocional que registrara los impulsos incontenibles del escritor.

microgramas A ok
Llegados a este extremo nos preguntamos sobre el mérito artístico de los trabajos de Robert Walser. Sin duda sus escritos tienen un valor literario indudable y con el tiempo sus obras se han ido reeditando y adquiriendo un gran prestigio. Sin embargo, ¿no es también esa tendencia hacia lo mínimo, hacia lo microscópico, hacia ese deseo incontenible de desaparición una obra artística? ¿No es también una obra de arte, la acción de negarse, ese nihilismo implícito que podemos deducir de su actitud respecto de la escritura? En definitiva, ¿no se desplazaría su arte desde la literatura hacia la escritura, desde lo mayúsculo a lo minúsculo, desde el contenido y la forma a la acción, desde la existencia hacia la disolución?

Actualmente podemos ver los microgramas de Robert Walser, incluso leerlos ya que están disponibles, también en castellano, en una edición de Siruela. Pero sin embargo, lo que nos ha estado negado es observar cómo el escritor ejerció ese acto de disolución en su escritura, cómo se liberó del “tedio de la pluma”, como disciplinó su mano para ir desapareciendo poco a poco. Todo ello nos ha sido negado por el implacable paso del tiempo que establece los acontecimientos en el espacio. Pero en un ejercicio anacrónico sí podemos utilizar otra obra artística para, implícita e indirectamente, observar el deseo irracional, fuera del sentido, que significa ese acto de extinción.

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Como crédulos voyeurs podemos observar a escondidas ese ansia de implosión de la escritura, ese hecho físico de deseo de desaparición en el caso verídico de Emma Hauck y en la realización de la ficción que hicieron los hermanos Quay en el cortometraje “In absentia”. No viene a cuento explicar quienes son los hermanos Quay ni lo amplio e interesante de su obra que abarca desde la ilustración hasta la realización cinematográfica. En este cortometraje filmado en un magnífico blanco y negro, no se relata que Emma Hauk pasó los últimos once años de su vida en un sanatorio ni las vicisitudes personales de su vida, simplemente se filma como escribe compulsivamente (implosionando también su escritura en el espacio y en el tiempo) cartas a su difunto marido, todas ellas compuestas por una única frase que repite compulsivamente una y otra vez “Cariño, ven”. Los autores han prescindido de los elementos biográficos para buscar una forma de expresión visual que nos introduzca en la demencia, en ese acto artístico que no se encuentra en lo que dicen las grafías, sino en el acto mismo de escribir.

La interpretación fílmica de los Hermanos Quay del caso verídico de Emma Hauck (aunque antagónico al deseo consciente de desaparición en la escritura que ejecutó Robert Walser) nos sirve para acercarnos a ese deseo de disolución, al acto físico de negación de la literatura para adentrarnos irremediablemente en el terreno escurridizo de la escritura. 

Publicado en "Marabunta"

sábado, 17 de octubre de 2015

Cut-up o un otro brutalismo: Remezclas, mutaciones y reescrituras sobre textos de Kenneth Goldsmith.


La actual crisis y decadencia del lenguaje contemporáneo ha sido provocada   artificialmente por  un mecanismo de  supervivencia intrigante con un componente tecnológico, que más que constituir un problema, ha decidido formal y emocionalmente eliminar todas la huellas que han constituido nuestra naturaleza.

Al parecer sus vías de extinción demandan ser gestionadas de forma activa y transformarse visualmente a través de los motores de texto. Su gestión y manipulación nos proporcionan una extraordinaria oportunidad de extraer las interpretaciones subjetivas  del contexto humano e implantarlas en el comercio mediante los medios de consumo masivo. El carácter de nuestra literatura ha tomado como modelo  los caprichos de las compras para continuar su expansión, para expresarse como se expresa el versículo en una red compleja de combinaciones aleatorias.

Aquí hemos recogido algunas intuiciones sobre la naturaleza mórbida del lenguaje:

> El capitalismo utilizará el plagio para reproducirse y provocar las mutaciones imprescindibles para su expansión. De igual forma el lenguaje intentará colonizarnos.

> Las palabras serán productos de consumo masivo, y su objetivo material será su mayor difusión posible.

> El lenguaje ya no necesitará del significado. El lenguaje será invisible, transparente, como si de un chorro de vapor de agua se tratara.

> Los nuevos poetas deberán ser, necesariamente, analfabetos. La nueva poesía estará basada en un nuevo brutalismo lingüístico.

> Si queremos sobrevivir a la imposición del lenguaje no nos quedará más remedio que refugiarnos, primero en los signos, y más tarde, cuando ya estemos preparados en el silencio.

> Todas las imágenes deberán ser borradas. Todos los objetos deberán ser mutilados. Todos los sonidos deberán ser ignorados.

Esta nueva poesía no necesitará necesariamente de creadores, será una recreación, una reutilización de esa realidad detestable, una especie de post-literatura donde lo único que deberemos hacer será ver lo que dicen las palabras, pensar sus sonidos como quien piensa sobre la lista de la compra. Así, de esta forma, nuestra relación con el lenguaje variará, se transformará en una nueva experiencia, en una nueva sensación de confort.